El Cervantes fué para el antipoeta

Nicanor Parra

El poeta chileno

Durante medio siglo/ la poesía fue/ el paraíso del tonto solemne./ hasta que vine yo/ Y me instalé con mi montaña rusa./ Suban si les parece./ Claro que yo no respondo si bajan/ Echando sangre por boca y narices” . Estas líneas, que forman parte del libro Versos de salón (1962) son algunas, sólo algunas de las tantas que escribió el poeta chileno Nicanor Parra y que el pasado 11 de Abril fue consagrado con el Premio Cervantes, considerado el más importante para los escritores hispanoamericanos. Parra tiene 97 años (nació en 1914 en San Fabián de Alico) y, según dijo su familia a la agencia EFE, “aunque es un roble, su salud pasa por altibajos”. El premio, dotado con 125.000 euros, se entrega en abril, en la Universidad de Alcalá de Henares.

Parra, que además de uno de los grandes nombres de la poesía, es físico, profesor de matemáticas y cursó un doctorado en Cosmología en Oxford, publicó su primer libro en 1937, Cancionero sin nombre , que todavía no era una vuelta en la montaña rusa: él más bien veía a sus referentes en los poetas de la Generación Española del 27 y, especialmente, en García Lorca. El poeta viene de una familia de nueve hermanos, entre ellos, la artista Violeta Parra.

En 1954 publicó su libro Poemas y antipoemas, con el que comienza a formalizar la ruptura, pegó la vuelta a otra cosa: la antipoesía, que él mismo, en una conferencia de prensa de 1982, definió así: “No es otra cosa que el Ying y el Yang, el principio masculino y femenino, la luz y la sombra, el frío y el calor”. Y agregaba que como los orígenes de su poesía eran “más bien nebulosos”, él decidió “manejarse sobre la base del ingenio de huaso chillanejo”, como se les dice a los gauchos en Chile y a los que nacieron en Chillán. “La antipoesía”, dijo, “es simplemente un misterio, un misterio como cualquier otro. Y lo único que podemos hacer es decir ‘bueno, aquí parece que ocurre algo’”.

Algo ocurrió, algo ocurre, sí. Nicanor Parra supo cómo no atarse a casi nada: la izquierda chilena rompió con él por ir a tomar el té a la Casa Blanca, con la esposa de Richard Nixon. Era 1972, y mientras tanto, él publicaba su libro Artefactos.

Y si es por subirse a la montaña rusa, Parra no dudó en señalar a las alturas: cuando le preguntaron si quería ser el mejor poeta de Chile, contestó que se conformaba con ser “el mejor poeta de Isla Negra”, nombrando sin hacerlo a Pablo Neruda, que por entonces vivía en ese lugar. Y dijo más: “No a la poesía de pequeño Dios, por Vicente Huidobro; no a la poesía de toro furioso, por Pablo de Rokha; no a la poesía de vaca sagrada”, otra vez por Neruda. Otro de sus antipoemas: “Quédate con tu Borges”, dice: El te ofrece el recuerdo de una flor amarilla/ vista al anochecer/ años antes que tú nacieras/ interesante, puchas qué interesante/ En cambio yo no te prometo nada/ ni sexo ni dinero ni poesía/ un yogur es lo + que podría ofrecerte”.

Parra, que en 2001 había ganado el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, quedó unido ayer a otros dos escritores chilenos, también ganadores del Premio Cervantes, Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003). Entre muchos otros libros, escribió Manifiesto , Obra gruesa , Poesía política , Poemas para combatir la calvicie , Lear Rey & Mendigo y Discursos de sobremesa.

Ni Parra ni el Rey

httpv://www.youtube.com/watch?v=h80Dlk0NvXg

El nieto de Nicanor Parra, Cristóbal Ugarte, recibió este lunes en representación de su abuelo Nicanor Parra, el Premio Cervantes.

“Los premios son como las dulcineas del Toboso, mientras más pensamos en ellos más lejanas, absortas, más enigmáticas. Los premios son para los espíritus libres y para los amigos del jurado”, dijo Cristóbal Ugarte, el nieto del escritor, que leyó un discurso y recitó once poemas de su abuelo.

Parra, nacido en la localidad chilena de San Fabián de Alico en 1914, es un poeta, cuentista y ensayista al que se considera el creador de la denominada antipoesía, que supuso la introducción del lenguaje cotidiano en la poesía tradicional.

Parra, asimismo, solicitó un plazo hasta abril de 2013 para asistir a Madrid y pronunciar algunas palabras en agradecimiento por el premio.

“Mi abuelo me ha enviado para que pida una prorroga de un año para un discurso medianamente plausible”, ha explicado Cristóbal Ugarte, nieto del creador de la antipoesía, que ha recogido el premio en lugar de Parra de las manos del príncipe Felipe en la Universidad de Alcalá de Henares, según informó El País de España.

La ceremonia tampoco contó con la presencia del Rey.

En sus palabras de agradecimiento, Ugarte leyó un mensaje del vate en que pidió una prórroga “de mínimo un año” para poder “perigueñar” un discurso “medianamente plausible” lo que justificó señalando que “Don Quijote no cabe en un fin de semana”. Parra, en voz del joven, agregó: “Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”.

Relató que dejó a Nicanor “en su casa de Las Cruces, en la costa chilena, rodeado de libros” y precisó que “la mayoría de ellos son versiones y estudios del Quijote, pero hay también algunos libros de la biblioteca de Don Quijote, como, por ejemplo, los seis tomos de ‘La Araucana’, de Alonso de Ercilla”.

“En este momento y en la distancia, mi abuelo se formula la siguiente pregunta ‘¿Se considera usted acreedor al premio Cervantes?’ ‘Claro que sí’ ¿Por qué?’ ‘Por un libro que estoy por escribir'”, añadió.

El príncipe Felipe ha asumido la agenda de Juan Carlos I, que se recupera de una operación en la cadera y no pudo por tanto acudir a la tradicional ceremonia de entrega en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

La concesión del premio a un escritor hispanoamericano cumple la norma no escrita según la cual se turnan las entregas entre autores españoles e iberoamericanos.

 


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