El villancico, de poema amoroso a canto religioso

En estas fechas en las que se respira un aire navideño por doquier resurge como cada año la música navideña tan difundida en Latinoamérica y conocida como  “villancico”.

Los villancicos son una forma musical y poética, tradicional de España y Portugal. En su origen eran canciones populares profanas con varias estrofas y estribillo. El villancico hunde sus raíces en la cantiga de estribillo o cantiga de refram galaico-portuguesa, paralela a la dansa provenzal o el virelai o chanson balladée francesa, que a su vez han podido desarrollarse a partir del zéjel árabe. Los temas estaban basados en la poesía de corte amoroso, refinado y culto, heredado de la tradición trovadoresca. Durante la Edad Media fue la composición tradicional más arraigada entre el pueblo –de ahí su nombre (de villano)– y en los Cancioneros del siglo XV aparece ya como género definido. Sus temas eran variados y no hacían alusión al tema religioso.

Las primeras fuentes documentales en las que aparece la palabra “villancico” son el Cancionero de Stúñiga (ca. 1458) y el  Chanssonier d’Herberay (ca. 1463), más posteriores son el Cancionero de la Colombina y el Cancionero musical de Palacio. Juan del Encina a finales del siglo XV fue el autor más representativo de este género. El villancico en esta época ya consistía en una forma musical y poética que alternaba coplas con estribillo.

Hacia el siglo XVI las autoridades eclesiásticas empiezan a considerar la conveniencia de introducir en la liturgia composiciones en castellano como una forma de acercar al pueblo a los misterios de la Fe católica, el villancico poco a poco va cambiando su temática sobre el amor cortés para ir centrándose en temas de tipo religioso. De esta manera en los albores del siglo XVII se empieza a utilizar en los responsorios de maitines de las principales fiestas litúrgicas como la Navidad, Hábeas Christi, Asunción, santos locales, Epifanía, Trinidad, etc. Así los villancicos se convertirán además de en un obligado ejercicio para acceder al magisterio de capilla, en una de las principales obligaciones compositivas del maestro de capilla para las principales fiestas del calendario litúrgico.

Los villancicos servían para hacer los tradicionales relatos de Navidad y otros temas bíblicos, se empleaban en representaciones religiosas alegóricas en los atrios de las iglesias y fueron escritos tanto por poetas populares como por autores del calibre de Gil Vicente, Juan de Encina y el propio Lope de Vega. Los villancicos vocales (sin acompañamiento) así como los que empleaban instrumentos para acompañarse eran muy populares en toda la Península Ibérica.

La Iglesia Católica  difundió en América esta heredad de villancicos, principalmente aquella asociada con las Fiestas de Pascuas de Resurrección y Navidad. Los primeros villancicos europeos fueron de metro libre e irregular, su acento dominado por la prosodia. Los que llegaron a América, ya adentrado el siglo XVI contienen más elementos populares, se hacen más regulares y su fraseo es más mecánico, por lo que fue fácil el trasladar las canciones a otros ritmos de invención propia y (más tarde) de origen africano. Para fines del siglo XVII se había transformado el villancico en una forma urbano-popular, eliminado la costumbre de cantar a cuatro o tres voces, suplantándola con una simple melodía «requintada» o cantada a terceras con acompañamiento de instrumento de cuerdas y en las iglesias, armonio u órgano. Con el tiempo se les llamó villancicos a cantos religiosos con la temática de la Navidad o la vida de Cristo.

Durante el siglo XVII la interpretación de villancicos se hace cada vez más frecuente  y el villancico tiene una gran complejidad técnica y formal aumentándose el número de voces incluso hasta ocho distribuidas en dos coros dispuestos en diferentes lugares de la catedral y acompañados con instrumentos como el arpa, el violón y el órgano, marcado por la gran influencia que ejerció Italia en cuanto a música se refiere.  Estas influencias italianizantes provocaron que el villancico fuera definitivamente proscrito de la liturgia a finales de este siglo XVIII, de tal manera que en el siglo XIX los villancicos habían desaparecido de la liturgia siendo sustituidos por los tradicionales responsorios gregorianos.

El villancico en Latinoamérica

Misa del Niño. Autor probable: Juan Agustín Guerrero, pintor y músico ecuatoriano. Quito, s. XIX.

Misa del Niño. Autor probable: Juan Agustín Guerrero, pintor y músico ecuatoriano. Quito, s. XIX.

En Latinoamérica cada país tiene sus propios villancicos y diversas maneras de interpretar los cantos de navidad universales. En Argentina está «Vamos Pastorcitos» y el «Huachito Torito», en Venezuela «Mi burrito sabanero», en Perú «Llegaron ya», un canto a los reyes magos, en Panamá «Dime niño de quién eres». En Colombia, por su parte está «Tutaina tuturumaina» y en Honduras,»Caminando por Tegucigalpa». Son típicas de Ecuador las tradicionales posadas, un canto que cuenta cómo María y José buscan un lugar donde el Niño Jesús pueda nacer. En Puerto Rico el aguinaldo, una forma más rígida, tradicional, caraterísticamente popular, ha desplazado al villancico en la tradición de Navidad. Los cantos navideños versan en gran mayoría sobre temas más profanos, la comida, la fiesta, y el amor erótico. Los aguinaldos se han fusionado con ritmos de guaracha y otras combinaciones urbanas interpretadas con instrumentos populares. El villancico, en cambio, se mantiene bastante puro dentro de las iglesias.

Los villancicos originarios de cada país no necesariamente fueron escritos allí, muchos son adaptaciones de cantos españoles como el caso de «Antón tiruriru», muy conocido en Colombia, que es en realidad la adaptación del villancico catalán «La pastora Caterina»

Canciones de Navidad en otros países

El villancico más antiguo, que registra la historia de la música es «Iesus Refulsit Omnium», (Jesús, luz de todas las naciones) data del siglo IV, y su letra se le atribuye a san Hilario de Poitiers.

El más conocido, en cambio es «Noche de paz». Su título original es «Stille nacht, heilige yach» y fue escrito, podría decirse «accidentalmente» por el sacerdote austriaco Joseph Mohr quien al ver que se había malogrado el órgano de su parroquia, la capilla de San Nicolás, ubicada en la pequeña población de Oberndorf, decidió escribir un canto que pudiera interpretarse con guitarra en la misa de gallo. Fue así como la navidad de 1818 se cantó por primera vez «Noche de Paz», actualmente traducido a 330 idiomas.

Otro de los cantos más conocidos en los países de habla inglesa es «Joy to the World» escrito por Isaac Wats, inspirado en el salmo 98 («Cantad al Señor un cántico nuevo porque ha hecho maravillas») y cuya música se le atribuye a Federico Hendel, debido a que las partituras coinciden en varias partes del canto con su célebre obra «El Mesías».

Por su parte, en Italia el villancico más conocido es «Tu scendi dalle stelle» (Tu bajas de las estrellas), escrito por San Alfonso María de Ligorio. Mientras que en Francia está «Il est ne le divin enfat», «Ha nacido el divino niño», traducido al inglés en varias versiones.

En España los más conocidos son «Campanas de Belén», mientras que en la región meridional está «Los Peces en el Río».

Esquema original del villancico

Inicialmente estaba compuesto generalmente por versos octosílabos o hexasílabos, distribuidos según el siguiente esquema:

    1. Estribillo de dos o cuatro versos, que anuncia el tema
    2. Mudanza, constituida por una estrofa (o varias), que frecuentemente es una redondilla;
    3. Vuelta o enlace: un verso de enlace y uno o dos versos que repiten total o parcialmente el estribillo.

Verde verderol                     Estribillo
endulza la puesta de sol

Palacio de encanto Mudanza   Mudanza
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río

Allí el nido umbrío                 Vuelta o enlace
tiene el verderol:
Verde verderol
endulza la puesta de sol

 (Juan Ramón Jiménez)

Una variante del villancico es la letrilla, que se diferencia por su contenido burlesco-satírico. Un buen ejemplo es este poema de Quevedo:

Poderoso caballero
es don Dinero

Madre, yo al oro me humillo:
él es mi amante y mi amado,
pues, de puro enamorado,
de continuo anda amarillo;
que, pues doblón o sencillo
hace todo cuanto quiero.
Poderoso caballero
es don Dinero

Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso aunque sea fiero.
Poderoso caballero
es don Dinero

El zéjel

Poema de origen arábigo-español proveniente de la moaxaja, adaptado a la métrica románica, supuestamente inventado por Mucáddam de Cabra, formado generalmente por versos octosílabos, distribuidos según un esquema similar al del villancico:

a) estribillo de uno o dos versos
b) mudanza, tres versos monorrimos;
c) verso de vuelta: un solo verso que rima con el estribillo.

Las diferencias con el villancico residen en que la mudanza del zéjel es un trístico monorrimo (y en villancico es una redondilla). Además el estribillo zejelesco suele ser de dos versos, mientras el del villancico es de tres o cuatro.

A Dicen que me case yo:        Estribillo
A no quiero marido, no

B Más quiero vivir segura        Mudanza
B n’esta sierra a mi soltura
B que no estar en ventura
A si caseré bien o no              Verso de vuelta

 

(Gil Vicente)

Aparecen zéjeles en las Cantigas de Alfonso X y en el Libro de buen amor y fue cultivado por los poetas cancioneriles (Villasandino, Gómez Manrique, etc.). De esa época es el siguiente zéjel anónimo con estribillo de tres versos:

Tres morillas me enamoran
en Jaén,
Axa y Fátima y Marién

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas
en Jaén.
Axa y Fátima y Marién…

Durante el Renacimiento lo usaron Juan del Encina, Gil Vicente y Santa Teresa, entre otros. Su esplendor llegaría hasta el Barroco y aún gustó a algunos poetas del siglo XX (Alberti, Juan Ramón Jiménez, etc).


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