La inmigración irlandesa a Nueva York

Destitución en Irlanda, del London Pictorial Times. 1846.

Destitución en Irlanda, del London Pictorial Times. 1846.

Irlanda sufrió una crisis sin par en la historia de Europa, conocida como la Irish Potato Famine (Hambruna Irlandesa de la papa) entre los años 1845 y 1849, tubérculo originario Sur América y que al importarse a Europa, se constituyó en el alimento base de las clases desfavorecidas tan abundantes en el siglo XIX, gracias a que rinde más de una cosecha anual (2 a 4 según condiciones óptimas) y a que el tubérculo soporta condiciones de frío extremo —en Perú, Bolivia, Ecuador, norte de Argentina y Chile, se cultiva en la Puna o Sierra Andina.

Si el sur de Italia estaba abandonado a su suerte, la población irlandesa, sometida  a los ingleses desde la dictatorial ocupación de Oliver Cromwell, estaba sometida a condiciones de explotación y subdesarrollo. La tierra agrícola pertenecía a aristócratas ingleses y la población irlandesa eran sus aparceros. Así, los irlandeses cultivaban el trigo que era exportado a Inglaterra, mientras ellos se alimentaban de los productos de la huerta familiar: patatas.

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Pintura de una familia sufriendo por la hambruna

Pero en 1845 ocurrió lo que no tenía que ocurrir.  La aparición de una plaga de tizón tardío, también llamada rancha o mildiú de la papa, el cual destruía rápidamente la hortaliza y mientras los patatales morían, los trigales gozaban de buena salud pero debido al sometimiento de los británicos, los irlandeses no podían acceder a este alimento pues pertenecía a los terratenientes ingleses. Para agravar aún más la difícil situación,  en medio del desastre humanitario, los terratenientes británicos seguían exigiendo a sus aparceros el pago del arriendo.

El estrago —conocido como la Hambruna de la Patata— duró 12 años, hasta 1857, dejando a millones de familias sin nada en la mesa y aunque no se registró el número de muertes causadas,   la cifra estimada se sitúa entre los 2.000.000 y los 2.500.000 de víctimas en los años posteriores a 1846.

Esta hambruna motivó dos millones de desplazamientos y otros tantos emigraron a Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Chile, Argentina y Australia en lo que se conoció como la Diáspora Irlandesa. Entre muertes y migraciones, Irlanda perdió más de un cuarto de su población. Casi 700.000 eligieron  como destino Nueva York. Para hacernos una idea de la apabullante llegada de irlandeses a la ciudad aquellos años, basta poner como ejemplo 1847: ese año, 1000 nuevos irlandeses desembarcaban cada semana en Manhattan. 1000 cada semana. Ya para 1850 los  irlandeses formaban la cuarta parte de la población de Nueva York.

Destino Nueva York

Emigrantes, abandonan Irlanda,  Henry Dole 1868.

Emigrantes, abandonan Irlanda, Henry Dole 1868.

Sin nada se iban y sin nada llegaban, amontonándose donde el barco los dejaba. En Nueva York en los barrios del Bajo Manhattan y donde engrosaban  la gran pobreza reinante. Sus condiciones fueron lamentables: sus barrios se convirtieron en pocos años en barrios de miseria y crimen. En tiempo récord fueron rechazados y estigmatizados por los nativos más que cualquier otra comunidad; los veían como ladrones, borrachos y violentos. Por si fuera poco eran católicos, algo que encolerizaba a los nativistas, patriotas protestantes.

Especial fama alcanzó uno de sus enclaves, Five Points (donde también vivían judíos y chinos), recreado por Martin Scorsese en la película Gangs of New York (basada en el libro de Herbert Asbury). Five Points, enclavado en el corazón del Lower Manhattan, fue durante la segunda mitad del siglo XIX el barrio más pobre de cuantos formaron los inmigrantes. Era, por decirlo en pocas palabras, una cloaca donde la miseria, prostitución y violencia convivían en una mezcla que llegó a provocar una epidemia de cólera y dos revueltas callejeras, las más sangrientas de cuantas recuerda Nueva York. Entrar allí —como hizo Charles Dickens y después describió en sus Notas de América— sería el equivalente a pasearnos por el slum más miserable de Calcuta a día de hoy. Y es que, se cierra el círculo, la denominación slum para barriada marginal se aplicó por primera vez en Five Points.

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En 1888 unas impactantes fotografías del periodista Jacob A. Riis (disponibles en el libro Cómo vive la otra mitad), hicieron tomar conciencia al ayuntamiento, que en 1900 desmanteló la barriada. La mayoría de irlandeses se trasladaron entonces más al norte, especialmente a lo que hoy es el barrio de Hell’s Kitchen, al sur de Central Park. Con ellos llevaron la fama —cientos de viñetas satíricas de los periódicos les ridiculizaban e insultaban— y las bandas criminales. Sin ser tan populares ni cinematográficas como las mafias italianas, los irlandeses formaron decenas de gangs, como los Westies (dicen que todavía activos), los 40 ladrones o los Conejos Muertos.

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Con el paso de los años la comunidad irlandesa se fue integrando, dejando atrás su patética fama. De la misma forma que las italianas, las fronteras irlandesas se empezaron a difuminar en la misma proporción en que sus habitantes se cristalizaban con el resto de ciudadanos. De ser mayoritariamente clase obrera, los irlandeses pasaron a ocupar cargos en casi todo el espectro neoyorquino y estadounidense. Su cambio fue total (ha habido hasta ocho alcaldes irlandeses en Nueva York) y, a día de hoy, son una comunidad fundamental para entender la sociedad americana. Eso sí, su identidad sigue arraigada. No solo en tradiciones como el desfile del día de San Patricio (el más antiguo de la ciudad, que se lleva celebrando desde 1766), también gracias a algunos barrios “supervivientes”. Actualmente hay ocho barrios irlandeses en Nueva York, aunque muchos de ellos con cada vez menos densidad de población “verde”. Uno que sí la mantiene es Woodlaw al norte del Bronx.

 

 


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