Pedro Páramo, novela mexicana cumbre en la literatura universal

El mexicano Juan Rulfo (1918-1986) figura, a pesar de la brevedad de su obra, entre los grandes renovadores de la narrativa hispanoamericana del siglo XX. De formación autodidacta, trabajó como guionista para el cine y latelevisión. Con sólo dos obras de ficción publicadas -el libro de relatos El llano en llamas y la novela Pedro Páramo, ha ejercido una decisiva influencia en la literatura en castellano del último medio siglo. En 1983 recibió el premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Pedro Páramo se publicó en 1955, dos años después de los relatos de El llano en llamas.

Juan Rulfo

Juan Rulfo

En el arranque de la novela, Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir en busca de su padre, Pedro Páramo, un pequeño cacique pueblerino a quien no conoce. «El olvido en que nos tuvo cóbraselo caro» le dice ella, y Juan parte hacia Comala, un pueblo mítico que es el verdadero protagonista de la novela. Allí, envuelto en una tierra vieja que está sobre las brasas de la tierra, «en la mera boca del infierno», se encontrará con las voces de la memoria de personajes de ensueño, que irán tejiendo una historia de deseos y pasado, de muertos y visiones irreales, que abarca desde mediados del XIX a las revueltas cristeras de comienzos del XX.

Anclada en terreno firme, la novela se dispara en múltiples direcciones rompiendo el tiempo, confundiendo realidad y alucinación, fundiendo violencia y lirismo con sus conversaciones entrecortadas. Entre espectros, la desolación de Comala hace realidad ese «valle de lágrimas» que compone la geografía universal del dolor, llena de ecos, violencia y aire envenenado. En su laconismo, Pedro Páramo supone un impresionante ejemplo de condensación narrativa. Rulfo vio la necesidad de que el autor desapareciera y dejara hablar a sus personajes libremente, mediante una estructura «construida de silencios, de hilos colgantes, de escenas cortadas», cediendo el turno al lector para que llene esos vacíos. Afín al realismo mágico, el ambiente de esta historia se tiñe de soledad, fatalismo y mitología.

Tepeaca imagen de Juan Rulfo

Tepeaca, fotografía de Juan Rulfo

Tantas veces se ha repetido que Pedro Páramo es la mejor novela mexicana del siglo xx que con ello se olvida que es, simplemente, una de las mejores novelas del siglo pasado. Diversos mitos han dificultado un reconocimiento aún mayor de su importancia: en primer lugar, ha tenido que lidiar con la fama de ser la novela mexicana «por excelencia», dejando a un lado su modernidad y su vigor universal; en segundo, ha debido soportar el desprecio de algunos críticos -incluido un célebre jurado del premio Nobel- ante su escaso centenar y medio de páginas, cuando en ellas se cifra un universo literario completo.

Por si no fuera suficiente, las lecturas meramente antropológicas o realistas de su estilo han ocultado la extraordinaria invención lingüística que su autor logró en ella, e incluso su rápida celebridad ha tenido que eludir los rumores malediciente, sobre todo en el medio mexicano, que despreciaron el talento de Rulo aduciendo que él nunca imaginó el resultado final del libro, reconstruido por las manos de amigos, consejeros y correctores que todavía hoy se disputan su paternidad.

Son tan numerosos los lugares comunes que la crítica ha esparcido, que resulta casi imposible desprenderse de ellos. Aun así, quizás convenga eludir por un momento el caudal de tesis, artículos, reseñas y notas escritas en torno a él para recuperar el asombro que produjo tras su aparición en 1955 y que se repite cada vez que un lector desprejuiciado se adentra en sus páginas.

Si el título original escogido por Rufo para esta obra era Los murmullos -más sobrio pero menos contundente que Pedro Páramo-, es necesario evitar que esos murmullos asesinen también a quien inicia el viaje hacia ese limbo que es Comala.

La célebre línea con que inicia la novela

Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo

Esta entrada posee la fuerza profética de las obras maestras. En efecto, Juan Preciado, el narrador de la novela, no dice « fui», sino «vine»: se dirige a nosotros desde las profundidades de Comala. Todas las palabras que estamos a punto de escuchar, más que de leer, provienen, pues, de los labios de un muerto.

Apartes  de el prólogo de  Jorge Volpi a una de las ediciones de Juan Rulfo

Un viaje a lo real e inexistente

En el camino a Comala, Juan Preciado va recorriendo laderas y montes, para encontrar ese pueblo y a su paso se encuentra con un hombre con el cual entabla una conversación:

“-Hace calor aquí, dije.
-Sí, y esto no es nada-me contestó el otro. Cálmese. Ya lo sentirá mas fuerte, cuando lleguemos a Comala. Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del infierno. Con decirle que muchos de los que ahí se mueren, al llegar al infierno regresan por su cobija.
-¿Conoce usted a Pedro Páramo?- le pregunté Me atreví a hacrlo, porque vi en sus ojos una gota de confianza.
-¿Quien es? -volví a preguntar.
-Un rencor vivo -me contestó el.”

Vaya descripción, como queriendo decir, que en verdad ese pueblo era desolador y pleno de calor intenso, el calor precisamente del aire envenenado, la soledad y el fatalismo. Confundiendo la realidad con la alucinación. Y bueno, hablando de calor intenso, suponganse un calor de esos de verano en la región huasteca, y multipliquenlo por dos o tres… Vaya que la frase manifiesta que sí hacía calor.

Fotografías de Juan Rulfo

En el camino hacia su destino se encuentra con Damiana, Damiana Cisneros, la vieja que le ayuda dandole posada en su casa, y le pregunta que ha sido de su madre, la que le cuenta detalles de la vida de Pedro Páramo y de propia mamá.

La alucinación, la soledad, el calor.. los motivos, Juan Preciado, se encontraba en su paso con personajes míticos, personajes del pasado, que nunca se habían ido y que a su vez vivían en el pasado de su pasado. Que existían solo en el pasado de su propia madre, ¿acaso es que ella, ya estaba allí, también? ¿O el mismo era parte de esa fantasmal realidad? Quizás era la factura que había que pagar por los perjurios que su padre Pedro Páramo había hecho en su pasado, y reencarnado en él..luchaba con su propio yo con sus “meas culpas”.

Los invito a integrarse a este viaje, este marvilloso viaje de lo real e inexistente, el viaje de los parajes desolados, de los personajes míticos, de los cuales siempre aprendes algo nuevo, donde existe todo, donde nada existe. El lugar donde solo manda una persona y se hace lo que el cacique dice.. Pedro Páramo hizo escuela, cuantos Pedros Páramos tenemos que afrontar en nuestras vidas?, seremos nosotros acaso, los que paguemos las deudas contraídas en el pasado de nuestros antepasados Pedros Páramos? O nosotros mismos, en nuestro subconsciente emulemos sin querer, las ganas de llegar a tener ese estatus de poder, privilegio y dominio.. como el que en su momento Pedro Paramo tuvo en sus regiones… Alguna similitud con la vida real, es mera coincidencia.

Calor intenso, caciques mal hechos, abusos de poder, la sumisión por convicción, la sumisión por tradición, personajes fantasmagóricos..ubiquémonos, cada uno de nosotros en los personajes de Rulfo nos encontraremo, y quizás un día un Juan Preciado, busque cobrarse las afrentas de lo comprometido en lecho de muerte, no pidiendo, si no exigiendo lo que le corresponde y cobrado caro.

Los invito a integrarse en ésta lectura. Ojalá y nos demos la oportunidad de caer cautivos de su letra y su enseñanza, si no lo conseguimos, al menos aburridos, no estaremos.

Reseña de Mario Alberto Aguilar Soria de  Editorial Anagrama 

Las virtudes de un hombre marcan su deseo

Pedro Páramo representa el poder más brutal y la violencia en los pueblos originarios, pero en su interior encontramos la humanidad de sus sentimientos como es el amor por Susana San Juan. ¿Cómo un hombre tan violento puede amar? Pensar en la vida de Pedro Páramo es pensar un relato narrado por voces del pasado, un relato marcado por amor, poder y muerte, mundos estrechamente relacionados, pasiones profundamente humanas que llevan al personaje al rotundo final.

Pedro es un personaje profundamente pasional en un mundo diferente del preconcebido pues Comala no es un sitio apto para el amor, si no un lugar en donde los protagonistas encuentran su propia tragedia.

Desgraciadamente como todas las ilusiones de Pedro, el no logra poder amar a Susana ya que ella presenta una especia de insania o desproporción que la separa de un mundo de horror. Ante su muerte, el dolor de no poder amarla embulle a Pedro en un vació profundo y un odio ante un pueblo que festeja durante su velorio. La única bondad y debilidad de Pedro fue su amor desmedido, en una sentencia el protagonista condena a Cómala a morir.

Apartes  de reseña en el blog de Mario Gabriel

 


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