Otro Ser

9781599163376
9781599163376
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De los muchos intentos posibles por constreñir la palabra a la vida y la vida a la palabra es escribir poesía el más inútil, el más arriesgado -y sin embargo el más eficaz de la representación. Inútil porque a toda “palabra precisa” sigue: -como el autor de este libro bien nos lega- “un silencio cortante”…el silencio de lo inconmensurablemente poético.

Arriesgado -además- si se entiende la vida como ese mundo que se asienta y envuelve la tierra o fundamento del ser. Como un evento donde lo óntico se otorga como un esfuerzo del ente por representarse y afirmarse fuera y dentro de sí en conceptos que los filósofos denominan: dasein y Principium individuationis; y que resultan fatalmente adecuados para enmarcar nuestro ámbito de inutilidad y fragilidad inmensa en todo sentimiento sublime.

La inutilidad de la eterna reproducción de la escisión del ser y por ende el extrañamiento de la pérdida y la imposible conciliación de la vida con el ente están determinadas por un “viejo calumnioso” (al decir de Baudelaire) que determina a cada paso e irremediablemente el sentimiento trágico de la vida.

Por supuesto hablamos del tiempo. Seres inútiles como los poetas añaden inutilidad al sistema de cosas útiles en que se desarrolla la cultura contemporánea (por llamarla de alguna manera). Son por tanto seres anómalos que deambulan por calles agrisadas. Son ellos mismos: gris y por variar el gris…Y sin embargo, huelga inquirir: ¿existen todavía poetas?, ¿hay aún algunos hombres que sean a la vez inútiles y arriesgados…existe aún cabida para el ejercicio trágico -aunque burgués- del poeta?

Un libro que desde su primer texto comienza versificando sobre poética y culmina de igual forma es ya un libro tozudo y valiente. Un libro que por actitud ya se puede celebrar. Atrevimiento -éste-, que -los más- no desean tomarse. Si los hay…conviene retarles a la manera del autor que os presento y decir: ¡Que vengan y que hablen!

En cuanto a los escritos, los poemas aquí presentados tienen el aspecto que denominé en su día cuando tenía la edad aproximada del autor como: “poemas cansados”. No es ésta como puede pensarse- una consideración en absoluto peyorativa; – sino al contrario-, se trata en fortuna de textos cansados de dar vueltas y vueltas alrededor de sus compulsivas obsesiones: ¿Hasta qué punto o límite del dolor el demonio existe? – – – – o Por tus arterias corre libre la negación del tiempo. –William Akcoo


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